Última Actualización: 25 septiembre 2018
noticia

EL ABOGADO, EN DEFENSA PROPIA

Por Akiles Boy*

El Abogado, profesional del derecho, cuya imagen ya no goza de cabal salud como antaño. El Abogado, como otros profesionistas, ha visto rodar por el suelo su tradicional prestigio, por los estragos de la paulatina pero constante descomposición social que padece este país. Los factores preponderantes, la corrupción brutal y galopante que golpea cualquier actividad, el otro, la impunidad que ha socavado la confianza ciudadana en los sistemas de procuración e impartición de justicia.

Y precisamente el Abogado, que debiera ser garante del respeto y cumplimiento de las leyes, ahora es un actor más del teatro de la corrupción y la impunidad. Complicidad, simulación, sometimiento forzado a las nuevas reglas no escritas del procedimiento judicial, han terminado con la carrera de muchos litigantes que han renunciado a entrar al perverso juego de la corrupción, que no exime a nadie, desde el Actuario, el Secretario, hasta Ministros, Magistrados, Jueces, Fiscales y demás servidores públicos que debieran ser paladines de la justicia pronta y expedita como lo impone el mandamiento constitucional.

No hay proceso legal que escape a la epidemia llamada corrupción, quizá la diferencia sea solo la forma, abierta o subterránea, de practicarla, o el valor económico que representa, según la cuantía del asunto y el sapo es la pedrada. Por eso los Abogados de hoy litigan con el Código y la cartera como instrumentos esenciales en los Juzgados, Tribunales, Juntas de Conciliación y Arbitraje, Fiscalías y demás dependencias que tienen que ver en el proceso judicial.

Imposible para el Abogado salir ileso en su paso por los laberintos de las ahora Fiscalías, antes Agencias del Ministerio Público, y del mismo Sistema Judicial, de la materia que sea, civil, penal, laboral y la que guste, orientados para favorecer los actos de corrupción que pervierten el espíritu de la Ley y la Justicia. Como vivir dignamente de su profesión, sin provocar una sangría al bolsillo del cliente. El caso se vuelve una cuestión ética o moral cuando a quien se representa es un ciudadano en visibles condiciones de ignorancia y pobreza.

Cuestionable celebración, este 12 de julio, de un profesional que actúa en instancias que lo atrapan y lo oprimen sin poder oponer resistencia, bajo el riesgo de no ser un abogado reconocido y sencillamente no poder vivir de su carrera. El que no transa, no avanza, frase lapidaria que refleja el lamentable rostro del ejercicio de la abogacía, actualmente muy parecido al de otras profesiones. Porque “en todas partes cuecen habas”.

Tan cuestionable como el triste papel de muchas Organizaciones de Abogados, Colegios, Asociaciones, Federaciones, Barras, Foros, Academias, etc., en su mayoría creadas por motivaciones políticas y pocas con el ánimo de contribuir a la academia en materia jurídica y al saneamiento de las Instituciones responsables de la Procuración e Impartición de Justicia. Esas agrupaciones debieran asumir como tarea diaria, recuperar la buena imagen y prestigio de la abogacía, exigiendo al Poder Judicial y a las Procuradurías o Fiscalías, el combate a la corrupción y la impunidad, así como reclamando la restitución inmediata y absoluta del imperio de la Ley. No basta hacer señalamientos y proponer soluciones que después van al cajón de los olvidos o quedan como recuerdos de buenas intenciones. Necesitamos hoy un mayor activismo de los Abogados en la generación de los cambios sustanciales en el Sistema de Justicia que la sociedad requiere, un papel de mayor importancia para el restablecimiento del Estado de Derecho, que nos permita una saludable convivencia social. Un Abogado más cerca de las causas sociales que del poder político. Hasta la próxima.
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

Opinión18:03 Hrs11/julio/2018Vistas: 158