Última Actualización: 18 diciembre 2018
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COLUMNA: PIENSO, LUEGO EXISTO

LOS OLVIDADOS. LA DEUDA SOCIAL

Por Akiles Boy *
En los setentas del siglo XX se transmitía en México, por un canal de la televisión comercial, un ciclo de películas llamado “Lo Inmortales del Cine Mexicano”. Junto a mi madre, fanática de los melodramas de esa Época de Oro del Cine Nacional, no pude evitar el llanto y sufrimiento al ver las historias de la zaga del Director Ismael Rodríguez, “Nosotros Los Pobres”(1948), “Ustedes Los Ricos” (1948) y “Pepe El Toro” (1953), entre muchas otras. Posteriormente, su extraordinario protagonista, Pedro Infante, convertido en ídolo nacional, con derroche de versatilidad actoral, se arriesgaría a representar a otro personaje del pueblo, esta vez a un indígena del Estado de Oaxaca en “Tizoc. Amor Indio”(1957), conocida también como “Tizoc” o “El Indio Tizoc”. Guion dramático dirigido por el mismo Ismael Rodríguez y galardonado con el Globo de Oro en 1957, En ese mismo año, el originario de Mazatlán, aunque algunos afirman que de Guamúchil, Sinaloa, fue premiado como mejor actor en el Festival de Cine de Berlín, Alemania. En la película se narra la trágica historia de amor del indio Tizoc y María (María Felix), una mujer criolla de la ciudad, bella y arrogante que aprende a reconocer y apreciar las grandes virtudes del indígena, su sabiduría y nobleza. El desenlace como ya se sabe es fatal para los protagonistas.

Otro ídolo de Doña Adela, también Pedro, pero éste Armendáriz, uno más de los monumentales artistas de la época dorada de nuestro cine, estelarizó a lado de Dolores del Río, “María Candelaria” o “Xochimilco” (1943), melodrama escrito y dirigido por Emilio Fernández y que ganara la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes, Francia en 1946. El cineasta mexicano, cuenta la dramática historia de amor de una mujer indígena de Xochimilco que es estigmatizada y rechazada en su comunidad, y su relación con Lorenzo Rafael, el ingenuo y trabajador indígena que le brinda su amor y devoción. Sin embargo, a la pareja de enamorados les aguarda un trágico final. Lorenzo Rafael es encarcelado acusado de robo y María Candelaria es víctima del odio de los de su raza, que la apedrean hasta morir, señalándola, con falsedad, de haber posado desnuda para un pintor.

Cuantas historias como esas se cuentan, reales que son numerosas y otras que son producto de la inagotable imaginación de creadores mexicanos y extranjeros, que reconocen y admiran las culturas originarias de este país. Las civilizaciones prehispánicas de América tan portentosas como la China y la India, lo demuestra su vasta herencia arqueológica y cultural, de increíble valor, hasta ahora conservada como patrimonio tangible e intangible de la humanidad. La conquista y la colonización habían sido actos de barbarie de los europeos, provocados en buena medida por la ambición de dominio y riqueza. Las culturas autóctonas avasalladas casi hasta el exterminio. La evangelización y el mestizaje se impusieron mediante el uso de la fuerza y la manipulación de los nativos, quienes paulatinamente serían despojados y apartados de sus territorios, costumbres, creencias y su organización política y social.

Ya son más de doscientos años de la emancipación del Reino de España, que puso fin al peor ultraje a las culturas que florecieron en el territorio mexicano. Sin embargo, la evolución que trajo la modernidad de este país, no se ha traducido en justicia, igualdad y desarrollo para los pueblos indígenas, los cuales siguen siendo víctimas de marginación, discriminación y el más elocuente atraso en sus condiciones de vida.

Campañas, programas, proyectos, políticas públicas, Institutos, Comisiones, etc., han salido de elegantes escritorios, de cómodas oficinas gubernamentales, pero al final de la evaluación, sin maquillaje ni simulación, los resultados son precarios, sin gran significado, ante la ruda realidad que enfrentan los indígenas de este país. Sin duda, fue el siglo XX el más dinámico en políticas de Estado en materia de indigenismo en México. Políticas integracionistas, Asimilacionistas, Paternalistas y Asistencialistas que estuvieron acompañadas con acciones mediáticas de los gobiernos postrevolucionarios, y cuyas buenas intenciones, metas y recursos se perdieron en el mar de la insensibilidad, ineptitud y corrupción de la burocracia nacional. Según los estudiosos del tema, actualmente atravesamos la etapa del Neoindigenismo, que retorna a las antiguas prácticas del paternalismo y asistencialismo, matizados con el nombre de desarrollo de los Pueblos Indígenas. Sin embargo, la situación social, económica y política de los descendientes de nuestros ancestros muy poco se ha transformado. Eso sí, con frecuencia son gustosamente incluidos en imágenes y exposiciones como piezas del flolklor mexicano, y ahora hasta se promueve el turismo en sitios de preservación de grupos indígenas, que son verdaderos sobrevivientes del neoliberalismo y la globalización, impuestos como si se tratara de otra conquista. Hasta la próxima.

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

Opinión20:46 Hrs5/octubre/2018Vistas: 69