Última Actualización: 9 diciembre 2018
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COLUMNA: PIENSO, LUEGO ESCRIBO

SALUD CON CUBA

Por Akiles Boy *
En la abundante literatura sobre Cuba, la mayor de las islas del Caribe, como en el mercado, hay de donde escoger. Desde críticos acérrimos de Fidel Castro Ruz “El Dictador”, y del régimen político impuesto a partir del triunfo de la Revolución, que encabezó el controversial líder de la izquierda latinoamericana. Hasta grandes y apasionados defensores y admiradores de la tenacidad, resistencia y de los éxitos, por no decir hazañas del pueblo Cubano.

Habría que empezar por las afinidades raciales y culturales que tenemos los latinos, pero los cubanos han demostrado, que como dice la popular canción “La Bamba” jarocha, “Para subir al cielo, para subir al cielo, se necesita una escalera grande, una escalera grande y otra chiquita”. Con su objetivo fundamental de construir una sociedad más justa e igualitaria, montada en una ideología socialista, ya desacreditada en los albores de este siglo, enviaron al mundo de los años sesentas, el mensaje de que las revoluciones servían de algo, que no fue en vano la inmolación de miles de héroes anónimos, y que debían significar una verdadera transformación social y de la vida de los habitantes de esos países, explotados y saqueados por el capitalismo trasnacional, en complicidad con una élite local igual o más rapaz.

En los inicios de la postrevolución y extirpada por completo la tirania de Fulgencio Batista, tuvo importante contribución la desaparecida Unión Soviética o Bloque Soviético para impulsar y sostener el nuevo sistema político y económico de Cuba, además, también funcionó como un muro para detener y contener el acoso y agresiones de los sucesivos gobiernos norteamericanos que se sentían ofendidos y afectados en sus intereses y orgullo imperialista. “No hay peor ciego que el que no quiere ver” y solo la visión de los radicales no acepta la metamorfosis cubana a partir de la revolución, que se vio reflejada en aspectos sustanciales del bienestar social, como la salud, la educación, la cultura, la ciencia y el deporte.

En las tres primeras décadas del gobierno socialista, la comunidad internacional tuvo que reconocer y también elogiar los avances y éxitos de Cuba. Castro Ruz y el gobierno revolucionario, en el discurso y la acción dieron prioridad a la educación del pueblo, para combatir la pobreza, la ignorancia, y salir del atroz subdesarrollo. Tres ejes rectores o estrategias se pondrían en marcha. La Campaña de Alfabetización, orientada a la atención de un millón de analfabetos. En un solo año, con un ejército de educadores y escolares voluntarios, se redujo el 75 por ciento de esa cifra. Las otras dos acciones fueron la cobertura universal en el sistema educativo, y la capacitación y mejoramiento profesional de los docentes.

En el tema de la salud, el esfuerzo de los revolucionarios no fue menor, a partir de la valoración de la salud como un derecho fundamental de los ciudadanos, crearon un Sistema Nacional de Salud, universal, accesible, orientado a la atención primaria y gratuito en todos sus niveles y prestaciones. Al mismo tiempo, operaron planes de capacitación a personal sanitario, iniciaron el desarrollo de la investigación biofarmacéutica y establecieron un Programa de Asistencia Sanitaria Internacional. Entre los resultados más sobresalientes obtenidos por el Sistema de Salud Cubano se encuentran, el control de las principales enfermedades infecciosas, el descenso de la mortalidad infantil y los avances en el control de los padecimientos crónicos. Por cierto, analistas del sorprendente modelo de salud de Cuba, señalan, que aún en la crisis económica de la década de los noventa, agudizada por el recrudecimiento del bloqueo norteamericano, los servicios de salud en Cuba mantuvieron su cobertura, junto a su amplia red de prestaciones sociales, en eso tuvo mucha influencia la fuerza de su cohesión social y la alta prioridad de la salud en la Isla.

Con una intrínseca relación y sinergia con la salud y la educación, el deporte en Cuba se considera una Política de Estado. Para ser una potencia deportiva dentro de los países del Sur, se requieren legislación, organización, programas, proyectos y presupuesto garantizado. Eso marca la diferencia respecto a otras naciones latinoamericanas, que con más recursos e infraestructura, pero en las que prevalecen los intereses, ocurrencias y caprichos de los gobiernos y dirigentes en turno, están todavía distantes de los resultados del modelo Cubano. El deporte en Cuba tiene cinco áreas específicas: Recreación y salud, formación deportiva, competencia, alto rendimiento y economía, dirigidas por el Instituto Nacional de los Deportes. El éxito no es casual o fortuito, los cubanos han convertido el deporte en su mayor forma de recreación. Es además un derecho constitucional que les permite generar en el pueblo los valores de la amistad y solidaridad.

Cuba, la que cautiva. A este burdo y austero relato, sin tintes de apología, agregare algo de la conexión de dos grandes de la literatura universal con la bella Isla Antillana, Ernest Miller Hemingway y Gabriel García Márquez. El Primero, periodista y escritor estadounidense (1899-1961), que según registros biográficos vivió en Cuba, en forma intermitente, de 1932 a 1960. Establecido en la Habana, a su llegada en un hotel de la ciudad y después en una finca en los suburbios, escribe dos de sus obras de mayor éxito. “Por quién doblan las campanas” (1940) su novela más vendida, y “El Viejo y el Mar” (1952), por esta última obtiene el Premio Pulitzer de Literatura 1953. Después, en 1954 se le otorga el Premio Nobel en la misma asignatura. Desde la primera vez que llega a Cuba (1928), queda cautivado por sus parajes y es en esa tierra donde desarrolla su mejor obra literaria. Por su parte, Hemingway sigue teniendo mucha importancia para el turismo internacional que visita la Isla. Otra historia con Cuba es la del colombiano García Márquez (1927-2014), la relación del oriundo de Aracataca, con la nación Caribeña, resulta ser más con el Comandante Fidel Castro. Su olfato de periodista, porque renunció a ser abogado, lo lleva a buscar una entrevista con el líder revolucionario. Después de varios intentos logra un primer contacto de varios que terminan en “una amistad intelectual” según lo dice el propio escritor. El Premio Nobel de Literatura en 1982. Residió un tiempo en la Habana, al arranque de la Era de Castro, contribuyó en la fundación de la Agencia de Noticias Prensa Latina. Sin embargo, parece que su admiración y respaldo a Cuba y Fidel se fue debilitando o terminó en el desencanto, cuando el Régimen Castrista se fue radicalizando y a la libertad de expresión la vio amenazada. Al final, guardó respeto y permaneció en su posición de observador y analista. Hasta la próxima.
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

Opinión12:10 Hrs15/noviembre/2018Vistas: 45