Última Actualización: 12 noviembre 2018
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COLUMNA: PIENSO, LUEGO ESCRIBO

MIGRAR O MORIR

Por Akiles Boy *

De acuerdo con la historia y gran cantidad de investigaciones y estudios, la migración de personas es un fenómeno multifactorial y tan antiguo como la misma humanidad. En la evolución del hombre, ha persistido ese carácter o cualidad, ser nómada, itinerante. No se explica el poblamiento de continentes como América, sin aludir a los más viejos movimientos migratorios. Al principio por necesidad y supervivencia, pero de acuerdo con el desarrollo social de los pueblos, han ido apareciendo otras causas generadoras de los desplazamientos en el planeta. La expansión y conquista territoriales, las guerras civiles e internacionales, los conflictos políticos, culturales y religiosos, las condiciones socioeconómicas, los lazos familiares, y las catástrofes naturales ocurridas en el mundo, esos podrían ser los factores más comunes.

El filósofo británico Bertrand Arthur William Russell, Nobel de Literatura en 1950 y reconocido pacifista, compartía la idea de que el “hombre es un ciudadano del mundo”. Situación que contrasta con la distribución geopolítica mundial, que se estableció al surgimiento de las naciones, con sus límites y fronteras. Los primeros descubrimientos, exploraciones y conquistas, sin duda, significaron movilizaciones de contingentes, principalmente de Europa, hacia otros territorios, impulsados por diversos afanes. El mundo era tan grande como sus aspiraciones de dominio e influencia.

Sin ir más atrás, en los siglos XVII y XVIII, la migración colonial empujó a millones de europeos, españoles y portugueses a tierras americanas, además de varios millones de africanos que fueron traídos a diversas regiones de América para someterlos al régimen de esclavitud, perpetuado por muchos años. En las siguientes centurias, XIX y XX, continuó la migración transoceánica. Más de 60 millones de europeos llegaron durante el siglo XIX a Estados Unidos y Canadá procedentes de Reino Unido, Alemania, Francia, Irlanda, Suecia y Noruega, y antes de que finalizara, también emigraron al nuevo mundo, europeos del Sur y del Este, italianos, españoles, portugueses, polacos y rusos, que buscaron asentarse en países de América Central y del Sur, principalmente Brasil y Argentina.

Por supuesto, existe la certeza de que esa migración masiva de europeos fue detonada por el crecimiento industrial, que generó desempleo en el campo, además del desarrollo de los medios de transporte, la modernización del sistema financiero internacional y la ampliación de los mercados. Mientras del otro lado, se multiplicaban las oportunidades de inversión y de trabajo.

En el siglo XX, el mundo tuvo que padecer la migración forzosa y nuevamente Europa fue el escenario principal. Después de la Primera Guerra Mundial, más de siete millones de europeos migraron a otro país por la modificación de fronteras. Alemanes, polacos y griegos fueron los más afectados. Pero antes de la Segunda Conflagración, también se desencadenaron movimientos sociales y luchas ideológicas internas, que invariablemente ocasionaron la salida de grandes contingentes de naciones de Europa. La Revolución Bolchevique en Rusia, que impuso el Régimen Comunista, el triunfo del Nazismo en Alemania y la Guerra Civil Española, cuando la victoria del franquismo se transformó en un gobierno dictatorial y sentenció al exilio a miles de españoles.

La Tierra no ha tenido descanso en el tema de la migración. Durante la Segunda Guerra Mundial, las cifras sorprenden, más de cincuenta millones de europeos fueron deportados, exiliados o expulsados. Otros catorce millones tendrían que movilizarse por el cambio en los límites territoriales de los países. Por último, otra causal de la migración a fines del siglo pasado fue, sin duda, la creciente globalización, con gran fuerza la económica, que aceleró el movimiento de personas de países pobres o tercermundistas a países ricos y desarrollados. Es un fenómeno que se observa en América y Europa. Miles de africanos huyen de la pobreza para buscar bienestar en países europeos, así como latinoamericanos de diversas nacionalidades, intentan llegar a Estados Unidos y Canadá para alejarse de la miseria y violencia cotidianas en las que viven.

En las décadas recientes, los países desarrollados, tradicionalmente receptores de migrantes, han endurecido sus políticas migratorias, con el objetivo de frenar o controlar el ingreso de personas, argumentando restricciones para inhibir actos de criminales, de narcotraficantes o terroristas. Es el caso de la posición del actual Gobierno de Washington, ante la ola migratoria de centroamericanos que en estos días amenaza con entrar a Estados Unidos por la frontera con México. Este seguramente será un episodio más del drama de la migración humana que habremos de agregar a una historia interminable. Termino abonando al pensamiento de Bertrand Russell el texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la ONU el 10 de diciembre de 1948, dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. (Artículo 1). “Toda persona tiene los mismos derechos y libertades, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, posición económica, nacimiento…….”(Artículo 2,1).
“La discriminación y el rechazo de una persona por ser inmigrante atenta contra los derechos más elementales que todas las personas tienen y, aquellos que lo hacen, no sólo perjudican a los inmigrantes, sino a la propia sociedad que los recibe porque dice muy poco a su favor, ya que una sociedad no sólo se debe valorar por su elevado desarrollo económico, sino por sus valores fraternales, solidarios y de convivencia pacífica”. Hasta la próxima. Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

Opinión14:45 Hrs6/noviembre/2018Vistas: 29