Última Actualización: 19 marzo 2019
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COLUMNA: FIN DE SIGLO

Día de reyes.

Por Edgar Landa Hernández,

Todo sigue un patrón que se conecta con nosotros mismos, con las generaciones anteriores y así sucesivamente una serie de sucesos que a la postre se convierten en parte importante en nuestras vidas y que no pasan desapercibidas, al contrario; se magnifican y continúan.

Los momentos llegan, otros se esfuman sin predecir el tiempo que permanecemos en ellos y en un dos por tres ¡ya estamos creando de nuevo historias que contar!.

¿Cómo explicarles el sentimiento que emana de mí en esta época, en la que las ilusiones de saber que llegarían los reyes magos incrementaban mi sonrisa?

Aún con presentes sencillos, mis padres jamás nos dejaron con las manos vacías.

El sentimiento llega y junto con ellos recuerdos. ¡Ah, los recuerdos!, ¿Qué haríamos sin ellos? Se convierten en la punta de lanza que nos hace reflexionar, y sobre todo agradecer. Los instantes los vamos formando con cada vivencia, con cada acto e ideología de nuestras vidas, vidas tan únicas y diferentes, tan de ustedes y mía, y sin embargo, conformamos una vida complementaria: una que lo contiene todo.

Cierro mis ojos y me parece ver a mis hermanos presurosos por escribir sus cartas y posteriormente ponerla en el viejo zapato que serviría de enlace para que los magos de oriente dejaran sus presentes. La noche del 5 de enero, ¡era imposible dormir! La zozobra, el nerviosismo de saber que llegarían los reyes en cualquiera momento de la madrugada nos tenía a la expectativa.

El tiempo ha pasado, y lo confieso: todavía en la edad adulta en la que me encuentro persiste la emoción, continúo con la ilusión de saber que nuevamente, como cada año, llegan los tres reyes magos con ilusiones y obsequios.

En todos y cada uno de nosotros habita el niño de la infancia, el que con la sencillez que nos caracterizaba podíamos jugar con una caja de zapatos y los transformábamos en un bello camión. Aún persiste en nuestros corazones la inocencia, el niño que aguarda pacientemente y nos recuerda que sigue en nosotros, solo que las prisas de la vida ha hecho que lo abandonemos y creamos que se ha ido. Que nada entorpezca la inocencia de tu niño interior, la que a través de ella, te guiara y llevará a respetar la gran dimensión de la vida, a amarte y a valorar todo aquello que te has ganado con el sudor de tu frente. Ser adulto no significa que hemos perdido a nuestro niño interior, simplemente ¡lo hemos olvidado!

No te compliques con la edad adulta, revive a tu niño interior, el que alguna vez fuiste, y vuelve a sonreír a carcajadas y verás que la vida es más de lo que tú crees.

¡Feliz día de reyes!

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