Última Actualización: 12 noviembre 2018
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COLUMNA: DE FACHADAS FLORIDAS

De cultos, creencias y tradiciones

Nora Guerrero
Es insoslayable hablar de cuánto deja en muchos de nosotros revivir estos “días de muertos” año con año. Y cuando digo ‘nosotros’ me refiero a los mesoamerica-nos, mexicanos y veracruzanos en particular. Cada región tiene sus particularida-des tanto en los días de celebración como en ritos, alimentos, bebidas y hasta horarios, pero en otros aspectos hay elementos que generalizan la mayoría de las culturas o regiones como son el altar, el arco de flores, las veladoras o “velas de cebo”, el copal o incienso y el día de acudir al panteón: el 2 de noviembre.
Estas ancestrales costumbres sufrieron modificaciones después del choque cultural de la conquista que cambió las fechas y duración de las celebraciones y hasta el mismísimo concepto de la muerte. Con todo ello, y sin embargo, en muchas personas subyace el deseo de reconectarse -en estos días- con los seres queridos a través de un alimento, una bebida, una flor o una lágrima.
Los alimentos tradicionales en los altares de muchas regiones son los tamales, mole y guisos preferidos de los ausentes; los atoles característicos de cada región y las ‘bebidas espirituosas’. Lugar especial tienen los manjares y dulces en conserva como el de calabaza, de tejocote, de higo y las frutas: mandarinas, naranjas, guayabas, duraznos, jícamas, cañas, plátanos y otras frutas de la estación. Todos ellos aromatizan y embellecen el altar y lo mejor es que, después del día 2, los chiquillos -y los adultos- se deleitan con los dulces y frutas en buen estado.
Otros elementos que actualmente ‘visten’ el altar son el mantel, el papel de china picado con figuras alusivas como calaveras, esqueletos, huesos, flores. Algunas personas ponen fotografías de sus difuntos y, en algunos casos, hasta algunas de sus prendas y juguetes de niños.
Párrafo aparte me merecen las catrinas. En tiempos de don Benito Juárez y Porfirio Díaz (siglo XIX), producto del ingenio extraordinario del dibujante, graba-dor y caricaturista mexicano José Guadalupe Posada, nació “La Calavera garban-cera”, en franca alusión y mofa a los nuevos ricos de origen indígena, comercian-tes de garbanzo, quienes deseaban pertenecer a la realeza. Posteriormente, a mediados del siglo XX, la retoma Diego Rivera y la renombra como “La Catrina” la sube a los muros más importantes del país y la convierte en un ícono del “Día de Muertos”, llevándola más allá de su primaria función de crítica o parodia de ciertos comportamientos sociales.
A los elementos alusivos a la celebración del Día de Muertos, se suman las “calaveras” literarias, creadas a mitad del siglo 19 y difundidas por periódicos, re-vistas y volantes en las cuales, generalmente, se hace sátira de personajes y si-tuaciones actuales, con temas de interés general, normalmente políticos, ¡vamos, como de denuncia social!
Y cuando han pasado estos días vertiginosos, lo que nos queda es la sen-sación de haber estado más cerca de los seres queridos que tan solo se nos han adelantado al inexorable Mictlán, el recuerdo del brillante colorido naranja y amarillo de las flores de cempasúchil -flor de los cuatrocientos pétalos- su suave aroma del que se piensa atrae el alma de los muertos. La flor terciopelo, celosía o “moco de pavo” como la conocemos en esta región, de color morado o rojo bermellón y propiedades curativas para las enfermedades de la piel, fiebre y dolor de cabeza. La nube, delicada florecita que florea todo el año y que acompaña los ramos en Días de Muertos, ¡infaltables en nuestros altares! Y, según la región, también se ven en altares y panteones alcatraces, crisantemos, claveles, gladiolas, alhelíes y un sinfin…xalapaflorida@hotmail.com

Opinión22:35 Hrs4/noviembre/2018Vistas: 28