Última Actualización: 12 noviembre 2018
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COLUMNA: CAMALEON

Nada para asombrarse

Cundió como reguero de pólvora por las redes sociales la invitación de la diputada federal Nayeli Salvatori Bojalil a su casa para fumar mariguana al ritmo del rock. No tardaron las críticas hacia la autora de semejante despropósito por tratarse de un personaje investido de representación política seria y respetable, que no lo entienda es asunto de su muy particular responsabilidad y de quienes por ella votaron.
La señora Salvatori accedió al Poder Legislativo Federal vía candidatura de MORENA, un Movimiento revestido de partido político para poder competir con las reglas del juego electoral establecidas por el régimen político mexicano. Como Movimiento político no está a salvo de incurrir en afiliaciones de todo tipo, porque cuando la intención fundamental radica en buscar la transformación política de un régimen, la aceptación es indiscriminada, una cabeza es un voto, no importa si viene del lado derecho, del centro o del izquierdo, es un riesgo que vale la pena asumir, después vendrá el descarte, ya por deserciones ya por expulsiones.
La Revolución Francesa transitó por diferentes etapas, cada una según las circunstancias, desde la ideológica nutrida en el humanismo abrevado en la Enciclopedia, hasta la etapa del terror en la cual participaron actores devenidos de todos los segmentos sociales de París, individuos cansados del derroche lujoso y humillante de una aristocracia parasitaria a la que se atribuían todos los males de su tiempo. Ni modo de seleccionar adeptos, tal condición no está en la naturaleza de un Movimiento con pretensiones de cambiar estructuras políticas y económicas.
MORENA se ha convertido en el brazo político a través del cual Andrés Manuel López Obrador hará los cambios legislativos necesarios para mutar de régimen político en México, ningún secreto hay en ello porque esa ha sido la consigna durante toda la campaña, y desde el nacimiento de ese Movimiento. Porque, además, no existe oposición partidista capaz de resistir ese embate, ni el otrora poderoso PRI, ni el combativo PAN quedaron en condiciones de contrarrestar, por ahora, ese Movimiento, ¿qué decir de la entelequia perredista o de las franquicias Verde Ecologista y Movimiento Ciudadano puestas al servicio del mejor postor?
No es fortuita la intención de MORENA contenida en su iniciativa de rebajarle en un 50 por ciento a las prerrogativas otorgadas a los partidos políticos, e invita a pensar en la estrategia de reducirlos a la nada, restarles capacidad para la reorganización, al menos complicarla y retrasarla para evitar fuerza opositora eficiente en las elecciones intermedias de 2021, y las venideras para renovar gobernadores. Bien saben en MORENA, sus operadores indudablemente expertos en la materia, que el ejercicio del poder desgasta y debe preverse con riguroso cálculo político el menor daño posible cuando tal suceda. De allí su interés por no dejar cabos sueltos, como lo estamos comprobando en Veracruz a propósito del cambio de gobierno.
En esta aldea ya estamos advirtiendo los signos del cambio, de la transformación, al menos en la forma: el gobernador electo, Cuitláhuac García no se encuentra en la actitud de todos sus antecesores, cuyo poder y autonomía para designar colaboradores era irrebatible, no es el caso ahora porque desde el centro del poder político del Movimiento y del Partido al cual pertenece y debe su presente circunstancia dictan línea y extienden recomendaciones para conformar el gobierno estatal. Habrá bifurcación del poder en Veracruz, pues por un lado estará el gobernador y por otro un Delegado Federal, con poderes inherentes a los recursos en su ámbito de influencia. Sin embargo, la responsabilidad histórica recae en Cuitláhuac García, de la forma en cómo la asuma dependerá su registro en el porvenir. Tiene capacidad de convocatoria y debe usarla para obtener la empatía social en torno a su gobierno.
Pero nada para asombrarse, si consideramos el momento histórico en que nos encontramos: ya sabremos hasta dónde nos llevará la confrontación gobierno- capital, porque ese diferendo forma parte del gran cambio, cuyo significado radica precisamente en subvertir el orden existente en aras de lograr el cometido de la Cuarta Transformación. Falta mucho por ver, pues, aunque constitucionalmente AMLO todavía no es gobierno, las consecuencias de su primera gran decisión por cambiar la construcción del aeropuerto ya se reflejaron en la realidad económica financiera del país. ¿Quién mandará en este país durante los próximos seis años, el poder político o el capital? Ya se verá, y que todo sea por el bien de México.
Desde que Aristóteles introdujo el método inductivo para conocer las ciencias naturales y Maquiavelo analizó los gérmenes del Estado Moderno con el eficaz auxilio de la historia, mucho de lo que actualmente ocurre en esa confrontación gobierno-capital nos recuerda a los tiempos de Echeverría y de López Portillo y, como consecuencia, nos induce a pensar en aquello de que “la historia, cansada de crear, se repite”. Nada deseable cualquier repetición de esa envergadura, por supuesto, porque todos vamos en el mismo barco.
alfredobielmav@hotmail.com

Opinión14:00 Hrs5/noviembre/2018Vistas: 12