Última Actualización: 21 octubre 2018
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CAMALEÓN

La experiencia electoral mexicana

ALFREDO BIELMA V.

En 1968 ¡hace justamente cincuenta años! quien estas líneas suscribe vivía su primera experiencia respecto de una sucesión de gobierno veracruzano, cuando en el imaginario colectivo de los interesados en ese menjurje se presumían posibilidades a cuatro precandidatos, pero en realidad la probabilidad se circunscribía a los dos senadores, Rafael Murillo Vidal y Arturo Llorente González, y si aguzamos más la visión retrospectiva a toro pasado podemos colegir que Rafael Murillo Vidal era quien gozaba del afecto y reconocimiento del presidente Díaz Ordaz, condición sine qua non para resultar el candidato.
Esta minúscula porción autobiográfica sirve para referir cómo eran antaño las sucesiones de gobierno en México: un presidente todopoderoso (de presidencia imperial, la calificaron), que a través de la hegemonía de un partido decidía candidaturas a cargos de elección popular, desde diputados federales, senadores, gobernadores hasta sucesores en el elevado trono presidencial. Una vez postulado un candidato no se requería de virtudes sibilinas para pronosticar quién sería el futuro mandatario nacional o el estatal. Todo era en automático, candidato= presidente o gobernador.
Sobre cómo han cambiado los tiempos y las circunstancias lo refleja la realidad político electoral que hogaño vivimos. En épocas de antaño la incertidumbre se centraba en saber quién sería el candidato, después seguía lo accesorio, cuando el señalado por el dedo presidencial recorría el país (o en su caso el candidato a gobernador su estado) en un periplo triunfalista de meses, para que la población conociera y homenajeara al nuevo tlatoani, al “mandatario” identificado entonces como el que mandaba en vez del servidor que buscaba ser, ese esaun concepto trastocado por la ignorancia y psicológicamente configurado en la mente de quienes no eran ciudadanos sino siervos prestos a la pleitesía frente al poder.
En contraste, ahora se desarrollan procesos abiertos, pues un candidato y su partido deben convencer al electorado (y hacer algo más) para alcanzar el triunfo, así lo estamos comprobando en Veracruz y en toda la república. La señal es positiva porque implica evolución política, son tiempos de mayor participación ciudadana respecto de los años idos, ya no se depende de una decisión casi unilateral porque ahora la ciudadanía participa y está más enterada (aunque también bastante desorientada por la información distorsionada proveniente de las redes sociales).
Avanzamos en episodios; antaño no se concebían los debates, ¿para qué o con quién? No existía el IFE, obviamente tampoco el INE, pero señoreaba la Comisión Federal Electoral integrada desde el gobierno, con gente del gobierno, para organizar las elecciones y simultáneamente controlar el resultado electoral.
Eran campañas de larga duración, cuando en pueblos y ciudades relucían las bardas con propaganda política invitando a votar, toneladas de papel multicolor por doquier ensuciaban el entorno urbano y rural de México; después se introdujeron los spots por radio y televisión provocando una gran contaminación video auditiva. La población protestó y el legislador recogió la protesta prohibiendo pintas de barda y paredes de casas habitación, lo mismo el papel de pasa calles, así como la duración de las campañas. Pero esto último fue encubierto con eufemismos pues la duración del ruido político ha sido segmentando en tres actos del proceso electoral: precampaña, intercampaña y el periodo de campaña, probablemente se legislará para terminar con ese cuento.
En el Derecho Positivo la legislación electoral es una de las más dinámicas y flexibles, ya que después de cada proceso se reforma; siguiendo esa lógica seguramente ajustarán lo relativo a candidaturas independientes para garantizar la equidad en la competencia, lo hacen ya los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) al declarar la inaplicabilidad del tope de campaña de solo 10% del dinero privado en el caso de los candidatos independientes y lo amplía a 422 para equipararlo a la cantidad disponible para los candidatos de partido.
Entre el primer debate presidencial efectuado en 1994 y los diseñados para esta campaña existe una brecha profunda, pero sin duda el que observamos el pasado 22 de abril enriquece el proceso electoral y seguramente se perfeccionará el procedimiento para los dos siguientes; aunque en Veracruz el OPLE mantiene un criterio de localismo empobrecedor por asumirse incapacitado para cambiar el formato y por eso decide aplicar el acartonado que ya conocemos: preguntas y respuestas, nada de confrontación, y pretexta “aquí nosotros como OPLE debemos ser demasiado cuidadosos, porque yo no me podría dar el lujo de invitar a un moderador o una moderadora y que por su cuenta empezara a plantear preguntas de manera libre, y que se puedan ver atacados y ofendida los y la candidata a la gubernatura”, con este criterio de burócrata nonagenario la evolución de procesos electorales en Veracruz camina en terracería.
Este domingo inician sus respectivas campañas los candidatos a gobernar Veracruz; quien suponga que el actual periodo de “intercampaña” sirvió de relax a los candidatos vive en el error porque en realidad la lucha es soterrada, las estrategias están en pleno desarrollo, partido o candidato que no haya aprovechado este interregno para avanzar en sus propósitos lleva ya clara desventaja. Pero, por cierto, no la desventaja difundida en “encuestas” que sitúan al candidato del PRI casi al parejo con la señora Sheridan, muy atrás del candidato del PAN y el de MoReNa, esa versión peca de irreverente porque un simple ejercicio de reflexión política revelará que José Yunes Zorrilla lleva mucho camino andado y sin lugar a dudas es quien más ha recorrido la entidad, desde Pueblo Viejo a Las Choapas, luego entonces conoce y lo conocen los diferentes sectores de la población veracruzana. Sobre cuál Frente partidista ha aplicado mejor su estrategia es un punto que observaremos durante los siguientes 60 días, pero es seguro que ni Miguel Ángel Yunes Márquez, ni Cuitláhuac García, ni Pepe Yunes se han dormido en sus laureles.
alfredobielmav@hotmail.com

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